-No te preocupes mi niño. Tienes que hacer como si no los oyeras.
-…
-A ver, ¿qué te dijeron ayer?
-Se ríen de mí. Dicen que soy un monaguillo que huele a sardinas.
-¿A sardinas? Valiente tontería. Hazme caso, si no les sigues la corriente te dejarán en paz.
-Pero eso es casi peor. Es que no tengo ni un amigo.
-Los amigos vendrán. Si eres paciente todo se arreglará.
-¿De verdad?
-Claro que sí. Venga, date prisa que hoy tenemos interrogatorio a las 9.
El Sr. Honorio, juez de primera instancia, suspiró. La luz de cocina de su piso de soltero parpadeaba. Se levantó y guardó la lata de sardinas de su desayuno en la nevera. Tomó su paraguas y salió, rumbo a los tribunales. Como en los últimos 15 años. En la pechera de su camisa, junto a unas manchas de aceite, descansaba, rebelde, alguna miga de pan.
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martes, 8 de febrero de 2011
domingo, 30 de enero de 2011
aurora
Les presento a Aurora, Subsecretaria Judicial, la chica más anodina de los Juzgados. Aurora hizo un pacto con el diablo. Tenía ya muy gastado el banquillo de la vida y agotados los buenos propósitos y su recta forma de vivir. El sabor de su profesionalidad era como agua con gaseosa en su boca. Dejó su casa y entró en el Hotel del Vértigo. Se enamoró de asesinos, de jueces, de políticos. Sus pies apenas tocaban el suelo. Sus ojos eran del color de las enredaderas. Los que la abrazaban temblaban de miedo. Los que temblaban de miedo la abrazaban. Mientras, en su recibo aguardaba pacientemente su vida anterior. Cuando Aurora flanqueó la puerta, su vida anterior se llevó las manos a la cabeza. Aurora pidió perdón, el diablo devolvió su alma y todo volvió a ser como antes. Aurora, Subsecretaria Judicial. La mujer más deseada de los Juzgados.
Seleccionado III Concurso Microrrelatos sobre Abogados
viernes, 7 de enero de 2011
Terapia de pareja
Supongo que todo es una cuestión de vocación. Cuando es muy fuerte es inútil luchar contra ella. Estudié Derecho, pero por encima. Dedicaba mis ratos libres y liberados a todo lo que tuviera que ver con la Psicología. Me hice abogada matrimonialista y, por inercia, monté un despacho especializado del que lo único que me gustaba era el color mandarina de las paredes, la plaquita que puse en la columna de entrada y el tañer lejano de las campanas. Una pena. Para colmo, el primer matrimonio que vino a formalizar su divorcio presentaba un claro cuadro de exceso de expectativas en la pareja que solucioné en un par de sesiones. Ya han pasado unos años y de mi despacho todavía no ha salido ningún divorciado. Pero no tengo problemas con los vencimientos de las facturas. Las personas reconciliadas con el amor y con su pareja son enormemente agradecidas. Y generosas.
Seleccionado III Concurso Microrrelatos sobre Abogados
Seleccionado III Concurso Microrrelatos sobre Abogados
domingo, 14 de noviembre de 2010
mi mala suerte
Desde que decidí convertirme en abogado parece que la suerte me es esquiva por completo. En la facultad de Derecho me enamoré de Nuria, la profesora de Constitucional II que, además de suspenderme, me dio calabazas. Hice mi pasantía en un bufete que pasó a la fama por jugar un papel muy turbio en un escándalo urbanístico. En mi peregrinaje laboral por gestorías y bufetes nunca triunfé y nunca uno de mis recursos fue estimado. Preparé oposiciones para fiscal, pero todas mis causas eran sobre personas inocentes. Me quedé calvo y sospecho que también sufría de halitosis. Harto de una vida tan nublada decidí acabar con todo desde el puente de la autopista pero, por supuesto, sólo logré romperme las piernas. Sin embargo, es agradable que la enfermera que me cuide seas tú. Puede que mi suerte haya cambiado al fin.
miércoles, 20 de octubre de 2010
grau y yo
Quién me ha visto y quién me ve. De calcetines con agujeros a trajes de marca. Ningún indicio del granuja que estaba hecho. Todo empezó cuando Grau entró en mi tienducha una tarde de lluvia. Buscaba un mastín y le acabé vendiendo una tortuga. Él era un abogado recién licenciado y una persona especial. De alguna silenciosa manera transmitía confianza y sus clientes se sentían muy cómodos con él. Su capacidad para escuchar era tan superlativa que en cualquier tipo de reunión se acababa erigiendo como interlocutor principal, a pesar de que apenas abriera la boca. Había hasta desarrollado la facultad de desdoblar su atención a varias conversaciones simultáneas o a seguirlas mientras ocupaba su cabeza con otros pensamientos. Pero, para mi fortuna, su capacidad no era bidireccional y su habilidad para exponer sus alegatos ante un tribunal era absolutamente nula. Necesitaba un charlatán. Y formamos un buen equipo.
lunes, 19 de julio de 2010
El licenciado Hervás
Ramiro Hervás era muy popular en Madocón. Era el abogado particular del hombre más poderoso de la ciudad y sus alegatos en la sala de los numerosos juicios a los que se tenía que enfrentar eran jalonados como a un torero en la arena, propagándose de boca en boca por los mentideros jurídicos, por los bares y por las peluquerías. Y es que el licenciado Hervás era un romántico. Con sus informes, las leyes se convertían en bellas maquetas de realismo mágico y los jurados, emocionados, eran incapaces de aplicar condena alguna. Pero en el pecado estaba su penitencia ya que su romanticismo se alimentaba de la pena que le afligía por su amor por Rosarito, la hija de su cliente y a la que éste prohibió casarse con él, convencido acertadamente que la mejor garantía para una vida sin problemas con la justicia era un corazón de abogado destrozado.
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